Entrevista rescatada: Tamara Rojo

Posted on abril 15, 2012

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Es noticia esta semana: después de una década como primera bailarina del Royal Ballet, Tamara Rojo será a partir de septiembre la nueva directora creativa del English National Ballet. Hace tres años le entrevisté para un número especial lleno de caras famosas. Todas ellas debían haber tenido un éxito sobresaliente en el extranjero después de abandonar España. Es curioso, pienso en ella y no dejo de ver a un montón de amigos científicos obligados a buscarse las habichuelas fuera.

Científicos con tutú.

También pienso en el resto, los de aquí, obligados igualmente a dar mil piruetas dancísticas, pero con una bata blanca de andar por casa por si les salpica el chapoteo.

Volviendo al tema: Le mandé un cuestionario. Lo recibí. Todo muy claro y directo. Hermético y frío. Algo tirante en algún momento. Así es el periodismo por mail. Cada vez que he vuelto a ver a Rojo hablando en algún medio, no he podido desprenderle del resquemor sintético que percibí en sus palabras. Las instituciones públicas, los nombramientos sorpresa, los enchufes, la mala gestión… Tamara Rojo lleva años dejando claro que ella, además de saber bailar de puntillas y estirarse hasta dar miedo, tiene aspiraciones como gestora de grandes presupuestos. Bueno, pues le ha llegado la hora de formar parte del baile de los ejecutivos con sensibilidad artística.

Aquí os dejo sus respuestas tal cual me llegaron, cuando nadie sabía que Reino Unido le volvería a dar la oportunidad de su vida:

¿En qué momento situaría ahora su carrera profesional, es decir, mira su carrera como una evolución enfocada a algún punto, algún sueño en concreto?
Lo que me gusta, sobre todo, es bailar. También me agrada mucho compartir conocimientos y experiencias, por ejemplo, estoy dando clases, como maestra invitada, a jóvenes promesas del Royal Ballet School y, la verdad es que me lo paso muy bien. Me atraen también las funciones de repetición, producción de obras y dirección artística.

En sus últimas interpretaciones con el Royal Ballet de Londres (Carmen, La Bayadère) la crítica ha alabado especialmente su labor dramática, la espléndida caracterización de sus personajes. Teniendo en cuenta que el Royal Ballet destaca precisamente por la importancia que le da a la emocionalidad de los papeles, ¿diría usted que donde más ha aprendido a sentir al personaje es en esta última compañía?
El Royal Ballet tiene uno de los repertorios más completos, incluye  obras clásicas, neoclásicas significativas y nuevas producciones todos los años. Además, los coreógrafos británicos del siglo XX, que conforman gran parte de nuestro repertorio, se caracterizan por su exigencia dramática. El más representativo, desde mi punto de vista, es Kenneth MacMillan. Sus grandes obras, Manon, Mayerling, etc.  permiten una interpretación libre dentro de la misma estructura coreográfica. La oportunidad de bailar aportando la propia visión del personaje es un derecho del intérprete que el Royal estimula y valora ya que enriquece y pone al día las obras.

¿Cuánto hay de técnica y cuanto de interpretación o dramatización en usted como bailarina?
Estoy convencida de que para bailar e interpretar un papel, con la debida calidad, es imprescindible el conocimiento profundo de la técnica de danza clásica. La interpretación en la danza es una integración de los gestos, puesto que el movimiento del cuerpo es también parte fundamental de la expresión.

¿Qué personaje de la danza clásica le ha hecho más ilusión interpretar a lo largo de su carrera por suponer un mayor reto personal?
Han sido unos cuantos. En su momento Giselle fue un gran reto, luego Odette-Odile del Lago y La Sylphide, después los grandes personajes como Carmen, Mary Vetsera, Manon.

¿Mientras se formaba de pequeña en la danza clásica, con qué bailarina soñaba con parecerse algún día? ¿Y de qué bailarín o bailarina considera haber aprendido más sobre los escenarios?
Cuando vi por primera vez a Sylvie Guillen quedé deslumbrada. Luego he aprendido y sigo aprendiendo, por ejemplo, Loipa Araujo es mi repetidora favorita para los grandes roles clásicos.

Lleva desde 1996 bailando fuera de España. Siempre ha quedado remarcado que los bailarines de clásico en España, si querían tener un futuro profesional serio, debían buscarlo fuera. ¿Siempre fue consciente de ello?
Fue cuando fui al concurso de Paris cuando comprendí que para poder bailar el repertorio clásico necesitaba salir de España.

¿Qué visión cree que se tiene en el resto del mundo de la danza clásica en España? ¿Y dentro de la propia España, a nivel de público y en comparación con la danza contemporánea, por ejemplo?
En el resto del mundo a España se la reconoce por el flamenco. Ni siquiera la danza clásica española se conoce como merece. Del ballet clásico son conocidos los bailarines españoles que abundan en muchas compañías importantes. En España, al no haber compañías residentes en los teatros, no hay temporadas de danza, ni de clásica, ni de contemporánea ni de española. Es muy difícil que solo mediante festivales y bolos se pueda consolidar una afición y un público de danza.

Usted siempre fue crítica con el hecho de que en España haya habido falta de interés político en apoyar a la danza clásica. Ahora, por fin, parece que habrá una Compañía Nacional que dirigirá Victor Ullate, de quien usted fue pupila. El INAEM contactó con usted para explicarle el proyecto, y usted ha manifestado que lo apoyará.  ¿Es muy distinto al que presentó por su cuenta al Ministerio de Cultura en 2006?
De la información que me dieron los directivos del INAEM deduzco que su estructura será muy parecida a la que propuse en 2006: Una fundación con participación pública mayoritaria pero con el propósito de lograr participación privada. La integración de la futura compañía con la formación de los futuros bailarines es menos evidente pero creo que también se contempla. Espero que la futura compañía sea la base donde surjan y se consoliden grandes bailarines, auténticas estrellas de la danza en los que el público se reconozca.

Nacho Duato, que tiene que dejar la dirección de la actual Compañía Nacional de Danza por el nuevo código de buenas prácticas en la elección de altos cargos, se queja con despecho de que “a algunos se les sigue nombrando a dedo”. Alude a Ullate. ¿Qué le parece?
Que me parece bien que haya unas reglas claras para acceder a puestos de dirección en las compañías públicas. Incluso las compañías privadas que reciben subvenciones públicas deberían estar obligadas a tener reglas transparentes de funcionamiento y control de calidad. 

Ullate ha dicho que no quiere que sea una compañía de autor, y que la abrirá especialmente a coreógrafos y bailarines que se han visto obligados a irse fuera de España. ¿Partipará usted en algún sentido en la compañía?
No lo sé, de momento nadie me ha contactado.

Se forma en dirección de compañía en el Ballet Nacional de Canadá. Me llama mucho la atención lo consciente que es de que una compañía, sin subvenciones, está prácticamente abocada al fracaso y que el modelo británico, basado en una financiación mixta, con el público participando como si compraran acciones o algo así, es el más óptimo. ¿Cree que Corella lo tendrá difícil con su nueva compañía privada en España?
Es evidente que sin una subvención estatal muy fuerte en España hoy es imposible mantener una compañía de repertorio clásico.

Junto a la de él, hay varias compañías nuevas como Ruth Miró y Victor Jiménez. ¿Mientras más competencia haya, mejor para el público?
En principio si, el problema es que un exceso de oferta frente a las escasas posibilidades de contratación y auténticas temporadas de danza en los teatros, puede complicar aún más las posibilidades de supervivencia de las compañías. 

¿Cuánto tiempo se plantea seguir sobre los escenarios? ¿Se ve como sustituta de Monica Mason en el Royal Ballet algún día?
Bailaré mientras considere que lo hago con dignidad, pero no pienso eternizarme en los escenarios. Cuando deje de bailar procuraré seguir ligada a la danza en lo que me gusta: enseñar y dirigir.

¿Falta por conseguir que haya más mujeres creadoras, más coreógrafas, en definitiva, en el mundo de la danza clásica? ¿Piensa presentar algo suyo?
Coreografiar es una de las cosas más difíciles de la danza y, de momento, todavía no me he decidido a hacerlo. Otra cosa es reponer o dirigir una producción de una obra que conozca.

¿Es Carlos Acosta su pareja ideal sobre el escenario?
Carlos es un gran partenaire, pero si digo que es el mejor los otros se van a enfadar mucho.

¿Qué significa para usted el virtuosismo?
Es el reto hacia la excelencia. Uno de nuestros desafíos como bailarines es que el cuerpo pueda hacer lo que la mente imagina. No se trata de batir récords sino de depurar y mejorar cada día para ofrecer al público lo mejor.

¿Y Premios como el Príncipe de Asturias y el Benois de la Dance, o que haya un auditorio con su nombre?
Son grandes honores que agradezco profundamente.

Me gustó mucho su manera de responder una vez, cuando le preguntaron si seguía algún tipo de dieta alimenticia para conservar la línea. Dijo algo así como “¡¿Yo?! ¡Imposible! ¡Si me paso el día dando saltitos!”. ¿Hasta qué punto la vida de una bailarina principal se ve sacrificada por la profesión?
Cada profesión exige sacrificio y entrega. Yo me he sacrificado por mi profesión pero mi profesión me ha dado más. Me ha dado unas experiencias inenarrables, he podido viajar por el mundo y conocer gentes y culturas diferentes, aprender idiomas y muchas otras cosas estupendas más. A mi nadie me obligó a ser bailarina y nadie me obliga a seguir siéndolo, luego no hay que dramatizar las cosas, es una profesión sacrificada y exigente pero llena de recompensas.

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