Sin Morente, sin tanto

Posted on diciembre 14, 2010

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Parecía incombustible. Parecía, y sin embargo se ha ido. Me cuesta creerlo. Como a mí, a tanta, tanta gente, que él seguro que ni se lo imaginaría.

Cada vez que le veía hablar ante algún medio pensaba que era un tipo sencillo que se ruborizaba cuando le llamaban maestro. Y mira si le habrán repetido veces que era un genio… También un loco moderno capaz de reírse de los entendidos pedantes. Con esa ‘locura’ creativa que tanto ha hecho por estirar el flamenco hasta donde casi nadie se atreve siempre estaremos en deuda.

Tuvo muchos méritos. Logró sacarme más de una carcajada en sus respuestas rápidas a más de una pregunta aduladora. Dicen, quienes le conocieron de cerca, que su sentido del humor huía de lo facilón y era único; que su ironía era sana y fina. Y yo vi algo de eso en esas respuestas. Me encantaban esos prontos. Igual que su pelo alborotado y su balanceo rockero al andar incluso para recoger un Premio Nacional de manos ‘reales’.

La primera vez que vi actuar a Morente fue con Lagartija Nick, cuando presentaban el célebre Omega, ese renovador experimento sonoro que marcó un antes y un después en la carrera del cantaor y en el flamenco entero. Sucedió en el Teatro Central de Sevilla, y yo era uno más de todos esos indies del momento que corrían a estar donde había que estar. Lo bueno fue que no se me pasó con un disco, y que cuando volví a verlos años después rememorando el álbum en el Primavera Sound conocía mejor la manera de pensar en música del cantaor granadino.

Hace unos años no me quise perder la comunión entre Enrique Morente y Sonic Youth en el Greenspace de Valencia. Le recuerdo callado y sumergido en su chaqueta de cuero en una rueda de prensa en la que el público extranjero trataba de sacarle punta al lápiz del clan de Thurston Moore preguntándoles si actuar en un festival patrocinado por Heineken no era venderse (como si fuera lo más importante de lo que hablar ese día…). Llegado el momento, el martinete que tocaron juntos se me hizo tan corto que casi no me dio tiempo a respirar. Sobre el escenario podía verse una tensión alucinante en los rostros y los gestos quietos de Sonic Youth, como si la música que Morente les alargaba con su voz perteneciese a otro mundo y ellos, nuevos en ese compás, sintieran que las notas se les escapaban rebeldes a pesar de sus repeticiones. Fue algo así como un tornado solemne. Pasó por allí y dejó mudo el aire. Recuerdo que, si habían ensayado juntos, sólo fue por internet o algo así (perdón por la imprecisión) y una o dos veces. Y bueno, seré sincera, no salí de aquel concierto como si hubiera presenciado un milagro o la cream de la cream de la vanguarda musical, pero sí con más devoción por Morente. Se había comido con papas al resto de los mortales durante los históricos pocos minutos que aquello duró.

Siempre pensé que Morente era uno de los artistas con los que más ilusión me haría hablar. En los últimos años estuve a punto de entrevistarle en un par de ocasiones (cuando publicó Morente Sueña la Alhambra y con Pablo de Málaga), pero por un lado fue imposible cerrar fecha y por otro tuve que salir de viaje. Mi compañero de redacción entonces, Aitor Labrador, me sustituyó al otro lado del teléfono. Hoy ha colgado la entrevista en bruto que le hizo y no tiene desperdicio. Aquí podéis leer las respuestas de un artista humilde y honrado. Si nunca perdí la esperanza de poder hacerle un par de preguntas fue porque era tan activo que pensé que en cualquier momento estaría hablando de un nuevo proyecto, que le quedaba mucho por hacer, mucha promoción, qué sabía yo… De hecho el día antes de entrar por su propio pie en el hospital estaba cantando en el Reina Sofía para el documental que acompañará a su último disco.

Con su hija Estrella sí que pude hablar en persona hace años, y cuando hoy he leído dos de las respuestas que me dio me he quedado sin aliento. El amor que siente por su padre, y todo el cariño y la sabiduría que él ha puesto en hacer de ella una artista respetable puede verse en estas frases:

Para usted es importante que la ‘dinastía’ Morente deje huella y se conserve su respeto, ¿no es así? A veces, cuando me doy cuenta de lo grande que es mi padre, me gustaría no existir, que sólo existiera el universo de Enrique Morente. Eso es el amor de hija, pero me enorgullece llevar la dignidad de nuestro apellido no por herencia o riqueza, sino por la música.

¿Qué piensa de esta cita de su padre?: “Mientras yo le produzca discos a Estrella seguirá la línea del flamenco puro. Seré muy estricto para que cuando yo no esté lo tire todo y haga lo que quiera”: Me ha emocionado. Lo sé, pero nunca lo he escuchado de su boca. Mi padre siempre va hacia el cante clásico, jondo, pero es un genio de la música, y si le cae en las manos un Claro de Luna de Beethoven, coge y lo interpreta. En casa estamos todos alrededor, y él sabe que todo eso lo llevo dentro y que algún día lo sacaré. En este disco [Mujeres] me ha dado la mano para poder rozar el Ne me quitte pas, Nina Simone, Chavela Vargas… Es permisivo porque nos avalan los clásicos, y una vez más me está haciendo mirar atrás, a lo auténtico. Yo seré flamenca hasta que me muera, pero me gusta tener ese boletín.

En fin, Estrella tiene ahora todo un reto por delante, el más importante de su vida quizá, pero no le faltarán conocimientos para saber lo que hacer. Fue la mejor alumna de un hombre con visión de futuro y el legado que ha heredado aún tiene mucho que revolucionar.

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